La sindemia de la COVID-19 ha generado mucha incertidumbre en emprendedores y empleados que recurren al crédito para atender sus necesidades de financiamiento.
Ante la creciente pérdida de empleos y la disminución de los ingresos de las pymes por efecto de las medidas de confinamiento, el pago de las deudas y obligaciones financieras es pan de cada día.
A pesar de que el gobierno generó el programa de apoyo a deudores que permitió que 1.8 millones de colombianos renegociaran las condiciones de sus deudas, por fuera de este universo no están los que recibieron préstamos a interés de usura y préstamos ilegales de los gota a gota, dos fuentes de financiamiento muy usadas por microempresarios y empleados de bajos ingresos que no son atendidos por la banca formal.
Si bien la cartera vencida de los bancos ascendió a 24 billones, la superfinanciera aclaró que todavía existe un margen de maniobra hasta en un 148% del cubrimiento de estos pasivos en el sistema financiero. Ver entrevista
Ante la falta de educación financiera que se presenta en el país, hoy muchas personas creen que el programa de apoyo a deudores les permite condonar sus obligaciones financieras. La realidad es, que ni se condona, mucho menos se terminará pagando menos dinero por sus deudas.

